La pelota está en tu tejado ahora...
Hoy he ido con mi amiga Wan a comer a un Gino's, y por la tarde hemos acabado por dar una vuelta por la siempre abarratoda y rodeada de sedes de bancos Plaça Catalunya, mirando aquí y allá algunos escaparates de eso a lo que, mintiendo, llaman rebajas.
El frío era aterrador, punzante, drástico, intenso, excesivo para dos pequeños saltamontes como nosotros, acostumbrados a la benevolencia del Mar y del privilegio de vivir en el borde del azul mediterráneo.
Hemos acabado en un starbucks en el puerto, (Que carísimo, por cierto), delante de un té helado y una serie de confesiones, muy apropiadas para estas horas de la tarde.
¿El problema de Wan? No se decide. Un chico le llamó hace unos días y le dijo ''Cuando quieras podríamos salir un sábado o algo, avísame''. Bueno aquí no sé de quien es el problema. El chaval desde luego lo hizo, con perdón, de puta madre. No se mojó, no se arriesgó a nada. Dejo la situación abierta a cualquier tipo de posibilidad. (Cosas de hombres). Lanzó la pelota al tejado de mi indecisa amiga y salió a correr. Ahora era a ella a quien le tocaba mover ficha, y se encontraba paralizada por el terror.
La cosa es que hacía unas horas se había comprado ropa interior en las rebajas para este chico (cosas de mujeres) y ahora era incapaz ni de escribirle un sencillo einpersonal sms. Después de un ratito de Kiki-terapia, ha acabo enviando, o he acabao enviando ese maldito sms.
¿Conclusión? Dar consejos a los demás es muy fácil. De hecho nos pasamos la vida diciendo a nuestros amigos qué deberían de hacer, cómo deberían sentirse y a veces, incluso cómo deberían sentirse, mejor o peor, según las circunstancias.
Las situaciones vistas desde el exterior son siempre muy fáciles y la cobardía y la inseguridad es una barrera mínima que se puede superar enviando un sms.
Pero, claro, pensaba yo, mientras convencía carismáticamente a mi pobre y pequeña Wan, en que no puedo aplicarme a mi vida privada ni la mitad de las cosas que le estaba diciendo. Ni yo me creía lo que le estaba contando. Aunque claro, mi mensaje cumplía claramente una función; ayudar a una amiga.
Mientras pensaba, yo mismo, tendría su mismo pánico, sus mismas dudas, tampoco enviaría ese sms jamás en la vida. Aunque claro, pienso, espero, que yo no me dejaría influenciar con tal facilidad y lo acabaría enviando, o no, tras pensarlo bien y tomar la decisión por mi ismo, aunque nunca se sabe.
Dar consejos es fácil. Ponerlos en práctica, eso, es ciertamente más complicado. Pero bueno... para algo están los amigos, que no se diga.


Maite dijo
Mi madre siempre me decía que, cuando te haces mayor, te arrepientes más de las cosas que no has hecho que de las que has hecho.
Creo que yo me estoy haciendo mayor. ;-)
26 Enero 2007 | 10:46 PM